Entre los mamíferos comunes más domesticados, el perro es el animal dialógico por antonomasia; no es egocéntrico, muestra empatía y a menudo tiende a ser extrovertido en la interacción social[3]. Por consiguiente, he aquí mi obra actual: GFP K-9[4]. GFP son las siglas en inglés de la proteína verde fluorescente, que se extrae de la medusa (Aequorea Victoria) del noroeste del Pacífico y emite una luz verde brillante cuando es expuesta a rayos ultravioletas o a luz azul[5]. La GFP de la Aequorea absorbe luz en estado natural a un máximo de 395 nm y el espectro de emisión de fluorescencia tiene su punto más alto en 510 nm[6]. La proteína misma tiene una longitud de 238 aminoácidos. El empleo de la proteína verde fluorescente en un perro es absolutamente inofensivo, ya que la GFP es independiente de las especies y no requiere ninguna proteína o substrato adicionales para la emisión de la luz verde. La GFP se ha expresado con éxito en varios organismos huésped, como la E. coli o la levadura, y en células de mamíferos, insectos, peces y plantas[7].

Una variante de la GFP, la GFPuv, es 18 veces más luminosa que la GFP normal y puede ser fácilmente detectada a simple vista cuando es excitada con una luz ultravioleta estándar de onda larga. GFP K-9 (o "G" como lo llamo cariñosamente) tendrá literalmente una personalidad brillante y será un miembro bienvenido a mi familia. Puede que su creación tarde años o décadas, porque se enfrenta con diversos obstáculos, entre ellos, la secuenciación del genoma del perro. Se calcula que el número de genes de todo el genoma del perro es de aproximadamente 100.000[8]. Sin embargo, se están llevando a cabo investigaciones de colaboración para cartografiar el mapa genético canino y sus resultados permitirán en un futuro hacer un trabajo de precisión por lo que a la morfología y la conducta caninas se refiere. Independientemente de la sutil alteración fenotípica, es decir, el delicado cambio de color de su pelo, GFP K-9 comerá, dormirá, se apareará, jugará e interactuará con otros perros y seres humanos con normalidad. También será el fundador de una nueva estirpe transgénica.

Aunque al principio el proyecto GFP K-9 pueda parecer que no tiene ningún precedente en absoluto, la influencia directa del hombre en la evolución del perro se remonta a hace más de 15.000 años[9]. De hecho, la misma existencia del perro doméstico tal y como lo conocemos actualmente, con unas 150 razas reconocidas, seguramente se debe a la cría selectiva inducida por los humanos hace muchos siglos de los lobos adultos que retenían características de inmadurez (un proceso conocido como neotenia). Las similitudes de la fisionomía y del comportamiento entre el lobo inmaduro y el perro adulto son notables. Por ejemplo, ladrar es típico de los perros adultos, pero no de los lobos adultos. La cabeza del perro es más pequeña que la del lobo y se parece más a la de un lobo inmaduro. Hay muchos más ejemplos, incluyendo el hecho muy significativo de que los perros también son interfértiles con los lobos. Después de siglos de cría selectiva natural, en 1859 tuvo lugar una inflexión en la cría humana de perros, cuando la primera exposición canina alentó la apreciación de su aspecto visual singular. La búsqueda de coherencia visual y de nuevas razas llevó al concepto de pura raza y a la formación de diferentes grupos de perros fundadores. Esta práctica continúa hoy en día entre nosotros y es responsable de muchos de los perros que encontramos en cualquier hogar. Los resultados del control genético indirecto de los perros por parte de los criadores se publican con orgullo en las páginas de la prensa canina especializada. Si echamos un vistazo al mercado veremos anuncios de bulldogs "diseñados para proteger", mastines con un "programa de cría genética muy estudiado", dogos de "linaje sanguíneo exclusivo" y dóbermans con una "copia genética única". Todavía no escriben los criadores el código genético de sus perros, pero desde luego lo están leyendo y registrando. El American Kennel Club, por ejemplo, ofrece un programa de certificación del ADN para resolver disputas de identificación de pura raza y de parentesco.


En el futuro dispondremos de material genético foráneo dentro de nosotros, al igual que hoy en día llevamos implantes mecánicos y electrónicos. En otras palabras, seremos transgénicos. A medida que la ingeniería genética desmorona el concepto de especie basado en las barreras de reproducción[24], está en juego la misma noción de lo que significa ser humano[25]. Sin embargo, esto no constituye una crisis ontológica. Ser humano significará que el genoma humano no es una limitación, sino nuestro punto de partida.
Futuros Emergentes: El Arte en la Era Post-biológica, Angela Molina, ed. Centro Cultural La Beneficencia, Valencia.
Publicado en Leonardo Electronic Almanac (ISSN 1071-4391), Volume 6, Number 11, 1998.
